Paillaco: El municipio chileno que incorporó perspectiva de género en todas sus escuelas públicas

Paillaco: El municipio chileno que incorporó perspectiva de género en todas sus escuelas públicas

La meta: disminuir la violencia hacia las mujeres. ¿Cómo? A través de la educación, implementando talleres de género desde la sala cuna hasta la enseñanza media.

 A Ramona Reyes le preocuparon las estadísticas: según el Sernam, la región de Los Ríos tiene el índice más alto de violencia intrafamiliar en todo Chile y a principios de 2014, Paillaco, una de sus localidades, ya había sufrido dos femicidios. Ramona Reyes vive en Paillaco y se propuso revertir esos números. Pensó que el cambio debía producirse desde los colegios. Así nació el programa “Incorporación de la perspectiva de género en la educación”, liderado por Ramona Reyes, alcaldesa de Paillaco.

La alcaldesa Reyes contactó a Camila Flores, profesora de lenguaje con formación en género, y le encargó el proyecto. Entonces los colegios públicos de la comuna comenzaron una transformación: conversaron por primera vez de acoso callejero, de publicidad sexista, de currículum oculto. Participó toda la comunidad educativa, docentes, estudiantes, familiares y directivos. Y a nivel transversal: desde la sala cuna hasta el liceo. Pero visibilizar las brechas de género no fue fácil.

Sesgo sexista

Flores pensó el proyecto en dos etapas, primero explicar el porqué es importante abordar estas temáticas en el aula y luego el cómo. “Hubo reacciones del cuerpo docente. Decían, ‘otro tema más con toda la pega que tenemos’. Decían, ‘este tema le corresponde a las familias’. También decían ‘por fin, este tema es necesario’. Es difícil porque las escuelas están preocupadas de las pruebas estandarizadas y no de incluir estas perspectivas”, reflexiona.

El proyecto arrancó con talleres de conversación, para sensibilizar y lograr que cada docente sincerara sus prácticas. Con el tiempo, emergieron las reflexiones y Flores descubrió “mucho sesgo sexista en el lenguaje o en la repartición de tareas incluso dentro de la sala. Una profesora decía, literalmente, yo mandaba a las niñas a limpiar la pizarra y los niños a levantar las mesas. Después de esto me doy cuenta que no debo hacer eso”.

En una segunda etapa, se trabajó el currículum oculto o las prácticas de sexismo naturalizadas. Por ejemplo, en los jardines infantiles se analizó la literatura y los juegos dentro del aula. “Se entregaron nuevos títulos, con perspectiva feminista, como Colorina colorada ya no quiero ser un hada”, explica Flores.

“A estas alturas es incuestionable la profunda desigualdad de género de nuestra sociedad”, señala Catalina Estévez, investigadora de Educación 2020, y sobre la iniciativa de Paillaco, destaca: “la escuela, muchas veces, replica las inequidades de género, pero a la vez puede contribuir a revertirlas. Los directivos, docentes y profesionales de la educación tienen un rol activo en este cambio”.

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Ariel Sandoval es profesor de Lenguaje en la Escuela Proyecto de Futuro, de Paillaco. Él ya abordaba temáticas de género con sus estudiantes de enseñanza básica. “En clases sobre géneros literarios siempre analizamos el rol de la mujer, en las tragedias griegas hacemos analogías con el rol actual”. Lo que sí aprendió en los talleres fue a notar el sesgo en Matemáticas o Ciencias. “Por ejemplo, cómo presentar de forma simétrica el uso del preservativo”.

“Había varias cosas que no sabía, como que la mujer empezó a votar recién en la década del 50 o que hay organizaciones que luchan por sus derechos”, cuenta Bárbara Hernández, de 13 años. Dice que lo que más le gustó de las charlas fue participar en conversaciones sobre el rol de la mujer en la literatura.

El cierre del primer año de proyecto fue un hito en sí mismo. Paillaco es una localidad pequeña, de menos de 20 mil habitantes, de vida campesina. El 25 de noviembre, el pueblo marchó por la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. “Fue impresionante, se sumaron escuelas, liceos, batucadas. Aquí las personas no salen para eso”, recuerda Flores.

Para este 2015, cada establecimiento contará con un encargado o encargada de género, que se relacionará con monitores territoriales para realizar diagnósticos y establecer metas, para luego trabajar con la UTP e incorporar la perspectiva de género a las planificaciones y al Proyecto Educativo Institucional (PEI). En palabras de Flores, para “pasar del avance cualitativo a uno cuantitativo”.

A Ramona Reyes le siguen doliendo las estadísticas, pero ahora, después de un año, le ha vuelto la esperanza. “Tengo sólo buenas apreciaciones del programa: vivimos una marcha maravillosa, se capacitaron docentes y ahora hablamos con perspectiva de género. Vamos a sistematizar lo realizado, para que se replique en otras comunas, para que cambiemos el trato que hay entre niños y niñas, entre profesores y niños, entre nosotros mismos. La educación tiene mucho que hacer ahí”.

Leer artículo original en: educacion2020.cl

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