Mirar con las manos: La violencia de género en el cosplay.

Mirar con las manos: La violencia de género en el cosplay.

Por Tania Olea/Equipo Nosotrxs

La fila para entrar a la Comiccon 2015 era extensa bajo el tiempo de un mayo inusual, dibujando sus curvas sobre el suelo tal como una serpiente bajo el sol. En ella, grupos de amigos y familias completas esperaban que el reptil se consumiera para permitirles entrar al mayor evento sobre cultura pop norteamericana del país.

Dentro, entre los muros del Espacio Riesco, decenas de personas pululaban por los angostos pasillos admirando merchandising de sus series favoritas, comprando comics o mirando una de las principales atracciones de este tipo de sucesos: los cosplays. Hombres y mujeres que usan sus cuerpos como lienzos para ilustrar la imagen y bondades de sus personajes favoritos, posando para las lentes como si fueran ellos.

Al pasear, veías a Darth Vader vestido de Snoop Dogg y al último Guasón disparando a multitudes risueñas. A vengadores infantiles jugando a salvar la Tierra y a heroínas y villanas que paseaban sonrientes por la marea humana, recibiendo sus olas de flashes y roces.

A menudo debían apartar de sus cinturas las manos de quienes les pedían fotos, y perdían sus sonrisas al defenderse de un comentario vulgar. Los murmullos que les orbitaban decían que era “el precio de las mallas”.

“no porque estés representando a un personaje tienes que aguantar que alguien te pegue agarrones” Se defiende Francisca Muñoz, diseñadora gráfica y cosplayer. En el largo tiempo que lleva practicando este hobby ha hecho alrededor de 25 disfraces, entre los que destacan personajes como la Princesa Serenity de Sailor Moon y Jill Valentine, de Resident Evil.

Según la segunda encuesta sobre acoso en eventos chilenos, llevada a cabo este año por la organización Cosplay = Respeto, más de la mitad de los cosplayers de nuestro país ha sufrido de acoso, número bastante cercano al reportado por el Observatorio Contra el Acoso Callejero (75% de las personas ha sido acosado en la calle).

60,9% de los casos pertenecen a tocaciones o agarrones, cifra dentro de la que se puede contar a Francisca, o Matsu, como se le conoce dentro del mundillo.

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Tamara Rojas, modista y cosmaker, ha trabajado a su lado en algunas interpretaciones fabricando los trajes y lo recuerda: “con el cosplay que hizo de cuerpo pintado de Raven (X-men), varias personas intentaron agarrarle el trasero al pedirle una foto”.

“les increpé de inmediato pero no sirvió de mucho” añade ella, rememorando la situación sin demasiado agrado. “él y su grupito no supieron decir más que “entonces para qué estás cosplayando a tal personaje, si no vas a aceptar un agarrón”. Acabé por indignarme y dejarlo hablando solo”.  La mitad de los afectados comparte su respuesta, lo que se traduce en silencio respecto al acoso.

Una de las cosas en las que más hace hincapié Camila Díaz, creadora de Cosplay = Respeto, es en que cada persona percibe el acoso de manera distinta. “uno no puede ridiculizar a alguien que se molesta porque le dicen “mijita rica” o cualquier otra cosa”. De igual manera, tampoco busca excluir al 2,5% que afirmó que le gustaba ser tocado o fotografiado sin su consentimiento.

Francisca como Raven (X-men)/ Fotografía Matsumi Cosplay

Esta, así como otras cifras, ha sido obtenida gracias al trabajo de esta organización, nacida en noviembre del 2013 tras escuchar varias historias sobre situaciones donde la seguridad de los cosplayers estuvo en riesgo. En un principio era sólo Camila, y reconoce haber sido inexperta en su manejo de algunas situaciones, “me dejé llevar mucho por mi sentir como mujer. (…) muchas de mis acciones las hacía pensando en qué hubiera pasado si yo hubiese sido la víctima”.

Hoy, a casi dos años del lanzamiento de su primera campaña y con seis miembros más en el staff, confiesa mayor madurez. Esto se demuestra en los logros que han obtenido, tales como las dos encuestas sobre acoso en eventos y la disminución de este en 10 puntos en comparación al 2014. “fue un avance increíble, pensamos que estamos haciendo algo”

Cuando el tema pasa a ser la labor que buscan cumplir, se centran en los conceptos de escuchar para ser un mediador entre víctima y victimario y educar, buscando erradicar el acoso ilustrando sobre lo que genera. “nosotros no nos dedicamos a linchar gente y apuntarlos con el dedo” enfatiza Max, colaborador de Camila en la página, “es necesario nivelar para arriba. Generar cultura”.

Con ese objetivo en la mira, han buscado caracterizar a ambas partes. Sobre quién recibe las atenciones indeseadas se puede decir que son estudiantes secundarios o universitarios entre los 16 y 20 años, que trabajan y asisten a eventos de manera poco frecuente (1 a 5).

En el caso contrario, tres de cada cuatro personas que acosan son hombres, “pero aumentó mucho la mujer acosadora” mencionan sobre el aumento exponencial de este género en las cifras (en 2014, las mujeres victimarias eran sólo el 14% de los casos, hoy son el 26,7%). “ambas partes, mujer y hombre, tienen igual importancia” aseguran.

Cyberbullying y consecuencias

Las principales fuentes de violencia en esta actividad son de tipo físico: fotografías sin consentimiento, persecusiones, piropos o agarrones. Eso no evita que la frontera virtual sea un espacio donde también puedan ser vulnerados.

Las imágenes de cosplays plagan el internet por diversos motivos: para admirar sus diseños, a modo de tutoriales para futuros interesados o en álbumes de recuerdos personales. Aun así, existen quienes usan este medio para agredir a los intérpretes como lo ha visto Lorena González, más conocida como Miki.

Ella es cosplayer hace alrededor de diez años, también periodista y conduce eventos sobre el tema. Su presencia como conductora de los paneles de la Comiccon de este año fue punto fuerte en las redes sociales y conoce este espacio como para poder decir que “el mundo ñoño (…) es duro con la crítica”.

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“He visto muchas chicas que orgullosas han subido su trabajo (a Facebook), felices de lucir a su personaje, y las han tratado pésimo: que por qué llevan faldas tan cortas si tienen celulitis, por qué usan petos si tienen rollos…” comenta sentada en la banqueta de una plaza, vistiendo un polerón un par de tallas más grande que su cuerpo y un bolso de The Avengers. Los únicos rastros de la mujer con 5350 seguidores en la web están en su cabello, huellas de su disfraz de Anna, la princesa de Frozen. “con eso lo único que hacen es que la gente no quiera hacer cosplay nunca más”.

Tres de cada diez cosplayers han sido víctimas de discriminación vía redes sociales, ya sea en forma de burlas, acoso u otros. De igual manera, sobre el 57% de los exponentes consideran que este es uno de los tipos de violencia a los que debe ponerse más énfasis y trabajo debido a las secuelas psicológicas que puede generar.

Lorena González “Miki”. Foto: Guillermo Memmel

“Todos sabemos que en el mundo ñoño hay gente que es más tímida y su momento de expresarse es precisamente el cosplay” Son las palabras de Miki al respecto. Si bien tres cuartas partes de los encuestados pueden decir que no les afectó mayormente la situación o que sólo comenzaron a asistir a los eventos con compañía, una de cada diez personas se retira definitivamente tras una experiencia traumática.

Camila recuerda un caso que manejaron junto al staff de Cosplay = Respeto, donde la chica en cuestión decidió abandonar la actividad tras una experiencia de acoso. A pesar de sus esfuerzos por tratar de apoyarla y convencerla a través de intermediarios, su resolución se mantuvo y perdieron contacto. Nunca pudieron hablar directamente con ella. “las víctimas no quieren hablar por miedo y vergüenza” dice a la luz del recuerdo.

“Nos ven como bichos raros” reflexiona Francisca, con cruda franqueza. El sentir general es similar al suyo, sólo uno de cada diez se ha sentido apoyado de algún modo al ser víctima de acoso.

Medidas y proyectos

98% de las personas encuestadas cree que se debe sancionar la violencia hacia cosplayers, y es a raíz de este sentir que uno de los proyectos en los que actualmente se encuentran trabajando Camila y Max es en la creación de un protocolo sobre qué hacer en caso del acoso. “La idea es capacitar, porque los organizadores no tienen idea”, inquiere ella.

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Estas políticas son enormemente populares en los Estados Unidos, donde  organizaciones como Cosplay is not Consent y páginas como    Geeksforconsent.org impulsan su implementación y la publicitan en los  principales eventos.

Entre los bosquejos que han llevado a cabo hasta el día de hoy, una de las  directrices ha sido caracterizar las formas en que se puede violentar y c  cómo actuar en caso de ser víctima. También ciertas medidas para con el  agresor tales como identificarle como acosador frente al resto del público  o expulsarlo del evento si así lo requiere.

Esto concuerda con los números que han recolectado, ya que dos tercios  de sus encuestados concuerdan con que esta sea la sanción correcta para  la violencia en eventos.

Credencial Comic-con Phoenix, Texas. Foto: Geeklypress

 

“si hubiera tanto protocolo las cosas no resultarían” discrepa Francisca  desde su calidad de cosplayer. Tamara, su cosmaker, concuerda con ella  al decir “si una persona quiere agarrarle el trasero a alguien, va a llegar y hacerlo.”

Por su lado y también como parte del equipo que trabaja dentro de los eventos, Lorena se muestra algo menos crítica. “veces la gente es muy patuda y creo que las reglas, en ese caso, ayudan” explica, recordando de todos modos que “si a los niños, mujeres y hombres no les enseñaron a respetar, es difícil que con normas en un evento aprendan”.

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