El día que Pablo Neruda descubrió que había violado

El día que Pablo Neruda descubrió que había violado

Por María Francisca Valenzuela / Equipo Nosotrxs

A 41 años de la publicación de “Confieso que he vivido”, una de sus obras más célebres, surge por estos días una de las más grandes polémicas sobre la vida y principios del Premio Nobel de Literatura 1971. En este libro, Neruda relata parte de sus memorias y, entre ellas, está la recreación de un crudo episodio que hoy, entre controversias, se afirma que correspondería a un abuso sexual.

En este episodio, el poeta cuenta su experiencia como cónsul en Sri Lanka, en la capital Colombo. En un lugar lejos de la gran urbe, el autor relata cómo utilizaba un cubo para hacer sus necesidades, las cuales posteriormente alguien iba a limpiar. Un día Neruda descubre que la labor de limpiar las heces del cubo eran realizadas por una mujer de “raza tamil, de la casta de los parias”. Estas palabras, que el autor usa de modo textual, corresponden a una mujer de la India, específicamente de Tamil Nadú. “Paria” o “Dalit”, por otra parte, quiere decir “intocable”, aludiendo a una clase marginada de la India que no pertenece a ninguna de las cuatro castas oficiales y que muchas veces es obligada a realizar labores de servicio. Para el caso de mujeres paria, la violación y otros abusos sexuales corresponden casi a una cotidianeidad. Si bien los años no pasan en vano, atrocidades asociadas a mujeres paria siguen ocurriendo.

 

Neruda continúa su relato hablando sobre lo hermosa que le parece esta mujer. Si bien usa un lenguaje cuidadoso y elegante para aludir a su belleza, también relata sus intentos de cercanía y fracaso:

Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente”.

La mujer ignoraba por completo la presencia de Neruda, simplemente se remitía a ir a limpiar las necesidades que el poeta chileno dejaba en un cubo.

“Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama.Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”.

¿Es Pablo Neruda un violador? Por supuesto que sí. A todas/os nos impacta que aquella figura de un poeta que ganó un Nobel de Literatura y cuyos poemas tuvimos que aprender de memoria en el colegio relate tan crudamente un episodio como ése. Las controversias son muchas, como también las personas que piensan que este fragmento no corresponde a un abuso. Pero sí, es un abuso, y acá te explicamos por qué lo es.

Se tiende a pensar que para que exista una violación debe haber resistencia física de parte de la víctima y no siempre es así. El abuso de poder es seguramente el escenario que mejor explica este relato. Cuando el miedo o la cultura de la sumisión operan, se viola sin escuchar una queja, reclamo o golpe de defensa. Cuando la esclavitud a personas afrodescendientes aún era permitida, miles de mujeres eran violadas por “sus dueños”, permaneciendo ellas en silencio, quizás con alguna lágrima en los ojos.

En Chile, la época de la gran hacienda tuvo a muchas “chinas” violadas por patrones, dando a luz a “huachos” que vivieron entre vergüenza y oscuridad. La dictadura en América Latina también tuvo estatuas en forma de mujer, que con resignación y terror eran violadas por sus torturadores, incluso perros que nada entendían de los fines para los que eran entrenados. La historia está llena de hijas, niñas y adolescentes que fueron constantemente violadas por sus padres, abuelos o tíos, en sus propias camas, mientras su madre dormía a pasos de distancia. En todos esos casos ¿No fue violación porque no ponían resistencia?

Cuando el poder existe en lo económico, político y social, la lucha es más compleja. No todas las mujeres que han sido violadas en la historia pudieron gritar “¡ayuda!”. Neruda fue claro en su relato, él sintió ganas de acostarse con una mujer con la cual ni siquiera podía comunicarse: ella era hindú, ella limpiaba su mierda, ella era paria -la raza considerada casi esclava de la India-, ella era la discriminación hecha mujer, ella sentía que no tenía derechos, ella sería la acusada, él perdonado.

¿Cómo pueden haber dudas siendo el abuso tan evidente? Pablo Neruda admite que ella debió odiarlo, que se acostó con una estatua. Mientras algunas personas insisten en defender el relato, yo simplemente me pregunto: ¿Cuántas veces habrá sido víctima de abuso sexual esa mujer paria? ¿Cuántas mujeres dalit debieron ser violadas para que los crímenes sexuales contra ellas fueran siquiera mencionados en algún artículo de Internet?

Tomó 41 años para que alguien notara un crimen sexual evidente en un texto que hoy trasciende fronteras. No debe extrañarnos, la visibilización de la desigualdad que existe hacia las mujeres en la sociedad es una lucha que aún continúa. Aún más difícil es cuando esa inequidad se encuentra cruzada por variables sociales, económicas y simbólicas.

Lo más crudo no es que Neruda publicara en sus memorias ese tipo de relato, el horror está en que existan personas que culturalmente han incorporado el abuso y desigualdad al límite, sintiendo que una violación, la explotación y negación de derechos es algo que deben asumir como natural. Leer el fragmento es recordar que incluso en nuestros días, cuando alguna trabajadora denuncia abuso sexual de parte de un jefe o persona que tenga “rango superior”, los primeros argumentos que escuchamos son “ella se lo buscó”, “ella lo provocó”, “ella nunca dijo que no” o  “se le estaba insinuando”. Por eso preferimos pensar que Neruda no hizo nada, por eso lo perdonamos y por eso castigamos a quienes piensan que es un abusador.

Finalmente, hay que estar conciente que ser machista hoy no es lo mismo que ser machista hace 30 ó 40 años. Hoy estamos más dispuestas/os a reflexionar sobre estas cosas y decir “eso es abuso sexual”. Las memorias de Neruda fueron publicadas en 1974, y en ese tiempo nadie siquiera pensó algo así. Mucho menos alguien se atrevió a denunciarlo públicamente. La última versión de ley para sancionar la violación en Chile fue aprobada en 1999. Antes de esto, no existía ninguna legislación que hablara de acoso laboral o violencia contra las mujeres.

Ojalá la sociedad hubiese formado un Neruda distinto. Ojalá él hubiera pagado por el abuso, pero ¿cómo culparlo? Nosotras/os mismas/os demoramos 41 años en notarlo.

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