La educación del terror: Cómo aprendí el miedo a los hombres

La educación del terror: Cómo aprendí el miedo a los hombres

Por María Francisca Valenzuela / Equipo Nosotrxs

Tenía 5 años cuando mi madre me explicó por primera vez que no debía confiar en nadie. Sus palabras fueron claras: “No importa si es un vecino, tío, amigo de la familia o primo. Nadie debe tocarte, acercarse o pedirte cosas que no quieres hacer”. Así sin darme cuenta, había recibido mi primer sermón educativo sobre el terror hacia los hombres.

A mis 8 años me hicieron ver junto a mi hermana una película bastante particular. Se trataba de una niña que se hacía amiga del jardinero que trabaja en su colegio. Él jugaba con ella, le regalaba cosas, conversaban mucho y poco a poco la niña lo buscaba más seguido, ya que era un gran amigo. Un día ella se queda sola hasta tarde en el colegio, así que el jardinero aprovechando la situación, se la lleva, la viola y la mata.

Jamás mostraron imágenes sobre esas terribles escenas, pero a esa edad ya te enseñaron suficientes cosas sobre el abuso como para entender que lo que le había pasado a la niña, fue por confiar en un desconocido.

Al poco tiempo fui a dar una prueba de admisión a un colegio de monjas. Cuando terminó la parte de evaluaciones, llamaron a una entrevista a mi papá y mamá, mientras yo y mi hermana los esperábamos en un patio grande lleno de árboles. Unos cuantos minutos después aparece un hombre que era el jardinero del lugar, nos llama a mí y mi hermana y  nos dice que la entrevista ya había terminado, que podíamos entrar al edificio a buscar a nuestros padres. Él iba adelante, guiándonos por un pasillo largo hacia la oficina donde había sido la entrevista. Mis manos sudaban, comencé a temblar, recordaba la película sobre la niña violada, tuve muchas ganas de llorar, pensaba que nos encerraría y haría daño, pero permanecí en silencio. Unos segundos después estaba con mi mamá, sin embargo, jamás olvidaré ese día: Por primera vez, a mis 8 años, temí a un hombre porque podía abusar de mí.

Mi infancia y adolescencia estuvo repleta de terror. Tenía miedo de estar en un ascensor sola con un hombre mayor, los cumpleaños infantiles eran una preocupación si perdía de vista a mi hermana menor, caminar por la calle sola -de día o de noche- me ponía nerviosa, lo mismo que tomar un taxi sola. Si estás sola te violan, si estás sola te abusan, si estás sola es porque te lo buscaste por estar sola, en el lugar incorrecto, con la ropa incorrecta, en la hora incorrecta, porque eres mujer: Eres tú la incorrecta.

¿Cómo culpar mi terror? Mi madre repleta de noticias sobre curas pedófilos, guías de scout pedófilos , profesores pedófilos, curas pedófilos, niñas y adolescentes violadas, hicieron que sintiera la necesidad de decirme “Cuídate”. En el colegio tus compañeras te cuentan historias de abuso: Por ejemplo el primo que las manoseó debajo de la cama cuando jugaban a la pieza oscura, el profesor de educación física que les dio un agarrón en tercero básico o el padrastro de tu compañera que la había violado cuando tenía 3 años y ella se ponía a llorar todos los días en clases por su trauma. Cumples 25 años y ya tienes claro que casi todas tus amigas, incluida tú misma, ha pasado por algún tipo de abuso sexual -poco o muy grave-.

De pedofilia siempre se habla o de “abuso de menores”, pero nadie dice que en Chile sobre el 80% de los casos corresponde a niñas abusadas  y que en el 96% de los casos el agresor es un hombre, según datos de la Red Chilena Contra la Violencia. Tema similar pasa con las violaciones. Entonces reproducimos el trauma, la necesidad de replicar generación tras generación el terror de saber que en esta sociedad eres vulnerable, que debes cuidarte, que debes usar la ropa menos provocativa posible, que debes evitar estar sola, que debes asumir que eres mujer y te pueden violar.

¿Cómo es posible? ¿Si te pueden violar tú debes tomar medidas para que no te violen? ¿Por qué no se hace algo para que no existan violaciones simplemente? Y la respuesta es simple: Porque vivimos en una sociedad machista. Nunca gusta reconocerlo, pero jamás vi a mis compañeros hablando de abuso sexual, de entender por qué se hace ese daño social, por qué mayoritariamente los agresores son varones o cómo ayudar y colaborar con los miles de grupos de mujeres que se han visto afectadas por este tipo de problemas. Es difícil cuestionar tu formación cuando te encuentras privilegiado y no te sudan las manos de terror caminando de noche porque te pueden violar. Pocos lo entienden realmente, pero el problema real es que tampoco existe mucha voluntad de hacerlo. Se piensa que porque se dice “Sí, está mal violar” está todo hecho y no es así. Tanto hombres, mujeres y otras identidades de género caen en este error: La responsabilidad siempre es social.

Esto es parecido a cuando se critica a las personas con poder económico y político. Se dice que niegan sueldos dignos, que no brindan educación de calidad y después se quejan de cosas como la “delincuencia”. En este caso es lo mismo, no existe educación desde una perspectiva de masculinidades para romper con la cultura de la violación, jamás se vincula a hombres a la resolución de estos problema, simplemente se entiende como algo de “minas” y se nos pide que entre la cultura del terror y las organizaciones sociales lo resolvamos. Pero no, no es así, ya que hacer eso -que es lo que casi todos hacen-, es como decirle al pobre “eres pobre por flojo”, “debes esforzarte para ganar más”, sólo que a nosotras nos dicen “Debes ponerte una falda más larga, si te violan es porque no la usas”. Lo más triste, es que la falda no te soluciona el problema, es el mito que nos gusta creer para poder dormir de noche, porque en el fondo sabemos que te pueden violar aunque vistas una túnica.Tal como el pobre seguirá siendo pobre con ese tipo de argumentos, las mujeres seguiremos siendo violadas mientras la sociedad completa no asuma una responsabilidad educativa.

(Foto: Campaña #AllMenCan “#TodosLosHombresPueden entender que un vestido no es un sí”)

 

La igualdad y el respeto se enseñan, se deben interiorizar culturalmente. Debemos poder dejar atrás la educación del terror y abrir paso a una educación integral que haga comprender a todas las personas lo que está ocurriendo y cómo se puede solucionar. Actualmente formamos mujeres y niñas repletas de miedo y vulnerabilidad, sintiendo que deben modificar sus conductas para “ojalá” no ser abusadas -porque jamás es una seguridad-. Y por otra parte, tenemos a niños y hombres que escapan a toda responsabilidad de este tipo, pensando que porque “jamás violaron” y porque reconocen que “la violación está mal” nada más tienen que hacer respecto a este tema.

¿Cuántos buenos hombres habré cruzado en la calle de noche pensando que podían violarme? Quizás alguno apoya las causas de igualdad, es una gran persona, hijo o amigo, pero la realidad es que les tenemos miedo sin conocerlos, miedo porque tienen pene, miedo porque hay que cuidarse, miedo porque somos mujeres, miedo porque nos enseñan a tenerles miedo. ¿Realmente quieren ese terror? ¿Sabrán algunos hombres que seguramente si en una calle vacía se cruzan con una niña de 14 años ella sentirá miedo y pensará que “ojalá aparezca otra persona y no esté sola con él”? Eso pasa, nadie lo dice, pero pasa.

Existe una ley contra la violación y no hay menos violaciones, existe una ley contra el femicidio y no hay menos femicidios ¿Qué estamos haciendo mal entonces? Las cosas son claras, para que la enseñanza del terror se vaya, trabajemos todxs.

 

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