Más condón, menos violencia

Más condón, menos violencia

Por María Francisca Valenzuela

El uso irresponsable del condón también puede ser una expresión de violencia contra las mujeres. No me refiero a las decisiones consensuadas, esas en las que todas las partes tenían absoluta claridad de sus actos y quisieron hacerlo sin condón (aunque lo hayas conocido el mismo día o no. Consenso es consenso), sino a los momentos en que sucede lo contrario y una vez más, nosotras asumimos las consecuencias.

Varias historias de amigas e incluso personales, han comenzado a hacer visible un problema que ataca directamente nuestra libertad de vivir una sexualidad responsable. Ya sea si estás o no usando algún método anticonceptivo, si pides usar condón, nadie ni nada debe obligarte a lo contrario.

Las expresiones de este problema son diversas y van desde situaciones leves a acciones que incluso pueden ser consideradas un tipo de violación (Aclaro que esto se basa en heteroexperiencias y que por supuesto no hablan en términos generales, ya que no estamos incluyendo aspectos del mundo de la diversidad).

Resultado de imagen para salud sexual

Una de las más comunes es la insistencia en no usarlo. Es recurrente que a pesar de que se explicite que hay que usar condón, la otra persona insista constantemente en que no le gusta, en que es incómodo, que siente menos, etc. Aquí hay varios grados y a veces van desde una insistencia verbal molesta, hasta incluso recibir insultos por querer ser responsable con tu salud sexual.

Por otra parte existen los casos en que a pesar de que menciones que “hay que usar condón”, la persona intenta hacerlo sin protección varias veces. Este intento para ver si “la persona cede”, es un ejercicio que además de ser riesgoso, rompe con la idea de consentimiento, ya que se le pide a la persona que el sexo sea con protección e igual intenta pasar por alto una petición de salud sexual.

Los dos escenarios anteriores tienen culpables más amplios, ya que tanto hombres como mujeres pueden haber incurrido en este tipo de prácticas que atentan contra el derecho a vivir una sexualidad responsable. Sin embargo, existen otras que configuran directamente un tipo de violencia contra las mujeres:

En inglés recibe el nombre de “stealthing” y es cuando el hombre se saca el condón en la mitad del acto sexual sin consultarlo, muchas veces eyaculando adentro sin el consentimiento de la persona. Existe una gran cantidad de relatos de mujeres que vivieron esta experiencia y que sin saber cómo reaccionar ante la situación, deben asumir costos económicos y responsabilidades por este tipo de violencia.

Las víctimas del “stealthing” en la gran mayoría de los casos debe incurrir en gastos de la pastilla del día después e incluso exámenes para chequear su salud sexual. Esta práctica que rompe el consentimiento del acto sexual, es incluso considerada por algunos especialistas como un tipo de violación (por supuesto no denunciable en este deficiente sistema). La violencia sexual tiene múltiples dimensiones y el consentimiento no se agota una vez que la persona accede a tener sexo, sino que son acuerdos que deben mantenerse de principio a fin. El “stealthing” es recurrente en historias donde se trata del primer encuentro sexual, generando incluso un fuerte malestar psicológico en las víctimas.

Querer vivir una sexualidad libre y segura es un derecho que debemos garantizar de forma colectiva y responsable. Si alguna vez fuiste víctima de este tipo de violencia, no lo veas como una situación menor, es un acto capaz de exponer tu salud y reproducción sin tu consentimiento.

Sin presiones, sin obligaciones y con harto feminismo.

Comentarios